Es un lujo contar con un cuarto propio. Mi deseo es que sea un lugar de encuentro, que sirva para pararme ,descansar, reflexionar ,compartir lecturas, sueños, fantasías, escribir con más disciplina y aprender cosas nuevas.

lunes, 24 de enero de 2011

MUERTE DE ALGUIEN QUE YA ESTABA MUERTO


El titulo es inquietante.
¿Encontraré las palabras?
Eso es otra historia.


Me vienen a la cabeza los inicios del Alzheimer, porque cuando por fin llegamos a esa palabra todo fue más fácil de llevar. Y luego dirán que las palabras no son mágicas .Los libros de medicina se llenaron de conceptos y cuando estos eran pronunciados ordenaban y arreglaban la realidad. Así dicho queda muy abstracto, pero con un ejemplo, es más fácil. Llevábamos unos meses que no la reconociamos, nos parecía: deprimida, vaga , dejaron de interesarle las cosas y sobre todo nos daba la impresión que lo hacia adrede para fastidiar. Repetía frases que cuando las pronunciaba por primera vez resultaban graciosas, pero cuando volvía una y otra vez , sentíamos temor. Y nos hacíamos las suecas, era la única manera de negar lo evidente cuando nos hace daño.


En fin, poseedora de la palabra me despedí de mi madre y pase a difrustar de ella de otra manera. Me encantaba bañarla ,olerla ,acariciarla ,ante sus mutismos ,yo le hablaba y hablaba como si fuera un lorito. Le encantaba estrenar cosas y las tiendas de los chinos se convirtieron en aliadas para que llevará un anillo o unos pendientes cada día. Quería quedarse siempre en la cama, ahorraba en gestos y palabras y también sabia disimular, lo hacia tan automático, que los conocidos y amigos decían : qué bien esta tu madre.
Repetía que se iba a morir pronto y yo siempre le decía lo mismo.:”Si tú te mueres, yo me voy contigo”. Pero, ella más sensata que yo, me respondía:- Mejor voy antes, veo como son las cosas y tu vienes luego.


Tiempo para mirar un árbol un farol
para andar por el filo del descanso
para pensar qué bien hoy es invierno
para morir un poco
y nacer enseguida
y para darme cuenta
y para darme cuerda ( Tiempo sin tiempo, M. Benedetti)


En aquellos días yo creía que me había despedido de ella, ya no era mi madre, tenia su cara, sus gestos, sus salidas humorísticas, pero todo lo demás se había ido.
Las alucinaciones tenían su parte graciosa, cuándo íbamos de compras, como se cansaba mucho la dejábamos en el aparcamiento, al volver nos contaba películas llenas de detalles: Ha venido un hombre, quería saber dónde estabas y como no se lo he dicho, me ha pegado un golpe en la cabeza, menos mal que he gritado y se ha ido corriendo..lo contaba sin dramatismo y después de unos días aprendimos a seguirle el rollo.

Las visitas médicas era para grabarlas, en la sala de espera nos preguntaba:”- ¿Y hoy ,es?. Lunes,mami. Y estamos en?. El hospital. Y en España manda. Zapatero”. Cuando nos tocaba entrar y el geriatra le hacia las preguntas de mini-menthal, las clavaba....se lo sabía todo. En una de las visitas le hicieron hacer un reloj, empezó bien, pero al final los números se le juntaron, los tachó, hizo un cuadrado y puso la hora que le habían dicho: las 10,30. Es un reloj digital, dijo muy ufana...
¿Se pierde la memoria personal ?.






En ese último año, confundía su historia con otras, hablaba de los hombres con decepción y amargura. Ella qué siempre decía que había tenido el mejor amante y marido del mundo. Casi lloré...;pero después me dije:”Será el Alzheimer” y me volví a instalar en mi mundo de certezas y de inmutabilidad.
Se murió fácil, lo hizo todo cómodo...Era una mañana de mucho sol, la respiración, hacia ese ruidito cómo de olla en ebullición, las facciones se iban disolviendo, seguí a su lado, mojándole los labios y leyendo un libro tristísimo sobre la muerte de Marian Kelles (otra casualidad),cuando mi hermana se acerco y me dijo:- Ya esta ; la abracé.

Su misa le hubiese gustado, oficiada por un cura con Parkinson , que se hizo un verdadero lío. Nos sentábamos y levantábamos con extrañeza (eso, no toca).Después, empezó a llamarla por otro nombre: “Estamos aquí reunidos para despedir a nuestra querida hermana...María”. Respiramos aliviados, sonrientes y nostálgicos. Hasta para despedirla le habían mandado uno de los suyos.

martes, 11 de enero de 2011

UNA POETA QUE QUERÍA SER LOCA



Alejandra le gustaba recordar una escena de la niñez, vivían en Avellaneda ,en una casa amarilla con un mirador que daba a una angosta placita. Muchas veces, se veía a si misma asomada a la ventana enfrente veía a la misma mujer de largos cabellos, con un camisón de color indefinido y unos ojos viajeros que parecían no detenerse en ninguna parte.
_ ¿Qué haces mirando niña?,le decía su madre, mientras hablaba con la tata en susurros. Esta loca y es peligrosa. Apuntó, la palabra, aunque solo tenía cinco años y desde ese momento su dedicación fue estar en la ventana, observar si llevaba el mismo camisón ,si se balanceaba o parecía canturrear...,Un día le hizo señas y se levantó las faldas tenías unos muslos muy blancos y un pelo rojizo, que era como una llama de fuego y que le daba miedo.
Un día a finales de Enero se oía una algarabía en la calle, su madre la echo de la cocina y se olvidó del mirador ,que era su nave espacial ,donde no sólo viajaba también mantenía una comunicación propia con la loca de enfrente. Sintió que el corazón le latía casi no podía respirar ,aún así con mucho miedo se asomo. La vio en el suelo ,el camisón por la cintura, en los hombros sobresalían dos alas blancas como de lana cardada, la boca entreabierta, los labios pintados...; Se puso muy contenta por su amiga. Aunque los adultos repetían: ¡Mira que querer volar con un echarpe!. ¡Pobre marido!.¡Pobre Dorita! .

Pasaron muchos años hasta que salieran aquellos versos.

Salta con la camisa en llamas
de estrella a estrella,
de sombra en sombra.
Muere de muerte lejana
la que ama al viento
ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe


La niña que miraba la plaza desde el mirador aquel día descubrió la poesía.

A.Pizarnik,declaró:

Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En ese sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos.
Reinventar la lengua para poder decirse.



Cada uno se cuenta un cuento diferente de lo que es su vida, escogemos ,lo que nos ha marcado ,entristecido,emocionado,etc. Y de muchas escenas vividas seleccionamos algunas como importantes, desechamos otras para reinventarnos y explicarnos..Me encantó una información sobre Alejandra, podía pasar horas o días buscando una palabra que pudiera expresar lo que sentía. Fue una trabajo arduo y laborioso. Quizás por eso su obra literaria vuelve a renacer y nos parece siempre nueva.
Hay un cuento que Alejandra Pizarnik leyó muchas veces. Alicia en el País de las Maravillas de Carroll. En homenaje a este autor, escribió: "El hombre del antifaz azul”. Este exclamaba como el conejo ,la misma frase.-Voy a llegar tarde, pero sacaba una pistola en vez de un reloj. Alicia caía por el túnel lentamente sin violencia y se iba despidiendo de juguetes de la niñez. También de una salamandra, un niña llorando a su propio retrato, una lámpara para no alumbrar, una jaula disfrazada de pájaro. A. Comenzaba a sentir sueño; mientras seguía cayendo se escucho preguntar:>-¿Y qué pasa si un no se muere? ¿Y que muere si un no se pasa?.


Alejandra Pizarnik (1936-1972) había nombrado la muerte de una y mil formas. Su suicidio alimenta el mito trágico de la poeta-maldita-. Que se quita de en medio, no faltan aderezos :Desamor, locura, drogas, etc. Pero ese halo romántico, novelesco o terrible, no debe tapar lo más obvio ,esas palabras que nos ponen la carne de gallina, esas imágenes poéticas que son como cuadros que nos acompañan, todo ello nos lleva a la calidad de su poesía y a esa forma propia de verse y ser vista.

Ahora
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada